Paco · San Juan, Puerto Rico
La vista desde la lanchaThe View from the Lancha
En La Pancho, Bahía de San Juan · años sesenta
La historia empieza en los labios. La palabra griega historía significa «indagación», y durante casi toda la historia humana esa indagación se cantaba. La Ilíada y la Odisea fueron durante siglos canto vivo antes de que se pusieran por escrito; el Homero cuyo nombre llevan fue una tradición de cantores reunida bajo un solo nombre. Parry y Lord entraron en las montañas de los Balcanes y encontraron la práctica todavía viva: el guslar componiendo la epopeya mientras la cantaba, irrepetible (Lord 2019). El cantor es el primer narrador de historias, el primer historiador.
El narrador de historias es «un hombre que tiene consejo para sus oyentes» (p. 30). Toma de su propia vida y nos la devuelve: «el narrador toma lo que narra de la experiencia — la suya propia o la que otros le han contado — y a su vez la convierte en experiencia de quienes lo escuchan» (p. 31). Lo que da es sabiduría: «el consejo entretejido en la sustancia de una vida vivida es sabiduría» (p. 30).
Paco es maestro. Sabio. Por toda una vida enseñó en la universidad — la economía de la isla, y a través de ella, la isla a sí misma. Observa desde la distancia donde la historia toma forma: un punto de vista desarrollado por una vida vivida junto al quehacer de la isla. Esa mirada es lo que nos da: la isla entera, por amor al mundo — amor mundi, el don del maestro.
Al narrar no lo delata todo, propone: «La mitad del arte de narrar consiste en mantener un relato libre de explicación al transmitirlo». Cuando Paco narra es el aedo: cuenta nuestra historia, y nos reconocemos en ella. En la Odisea, Odiseo oye al aedo cantar la caída de Troya — su propio duelo — y llora: «la identidad inmutable de la persona… se vuelve tangible solo en el relato de la vida de quien actuó y habló» (Arendt, La condición humana, 1998, p. 193).
En tierra, Paco es el aedo, y nos cuenta la isla. Pero en el mar es Odiseo, y lo que Odiseo conoce es la llegada: ve la isla y la reconoce como su hogar. Desde La Pancho, la isla se abre entera ante él: un panorama.